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Nos sentamos a planear la vida: qué queremos ser, dónde queremos ir, cómo lo vamos a conseguir. Ideamos un modelo de hombre/mujer ideal, elegimos una carrera, construimos en nuestra mente la casa perfecta, sabemos cuántos hijos queremos tener, aspiramos a conseguir todos nuestros sueños. Es lindo y fácil. Pareciera que todas las opciones están cubiertas, que nada nos podría sorprender y es ahí en donde la vida elige romper todo lo estipulado. Una palabra, una acción, una persona... Algo sucede, pero decidimos ignorarlo y pretender que nada sucede. Seguimos, como alguien dijo, viviendo la comedia inútil. Pasa el tiempo y nos volvemos a sentar, a mirar... ¿Lo conseguimos? Ahí vemos que nuestros planes no se cumplieron, descubrimos (como si fuera sorpresa) que la vida no es lo que esperábamos, que cambiamos nuestros sueños, que ahora actuamos por obligación en vez de convicción, nos preguntamos dónde quedaron los viejos buenos tiempos en donde lo único que hacíamos era soñar. Tanto borrador tirado a la basura, "el tiempo pasó volando, no me di cuenta". Ahora escapar no es una alternativa viable, solamente queda afrontar lo hecho. ¿Cierto? Erramos. Erramos al pensar que la vida se planeaba, al no arriesgarnos, al no luchar, al dejar ir lo que queríamos, al no dejar ir lo que debíamos. La vida consiste en recuerdos... ¿Construimos buenos recuerdos? Cuando pase aun más tiempo, ¿Nos sentiremos felices de haber elegido aquello que sí podíamos elegir?  

 "Solo Dios sabe el modo en que va a ser" y aun así nos sentamos a planear la vida. ¡Como si se pudiera hacer eso!

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